Desafíos del futuro e inteligencia colectiva

Desafíos del futuro y colaboración

Por Karen Zeolla.

El desafío de construir un nuevo mundo.

Ya lo sabemos: vivimos en éste espacio-tiempo caracterizado por una fuerte aceleración del cambio, producto, entre otras cosas, de la disrupción tecnológica y la aparición constante de nuevas tecnologías.  Nos encontramos en un momento donde instituciones diseñadas en los siglos pasados conviven con nuevas formas de organización emergidas en el SXXI en una especie de descalce y desincronización de lógicas de funcionamiento. Todas las formas de organización edificadas y organizadas por el hombre -estados, empresas, escuelas, sistemas de transportes, etc- están siendo profundamente transformadas. Y en este desfasaje muchas organizaciones luchan por adaptarse y transformarse buscando comprender y entrar en resonancia con el nuevo mundo. 

Tal vez la palabra obsolescencia sea la que mejor describa esta situación de desincronía. Si observamos los desafíos a los que se enfrenta, por ejemplo, una empresa, podemos ver que la competencia por la innovación, la generación constante de valor, la capacidad de adaptación al cambio y la incorporación y uso de tecnologías de vanguardia, son menos compatibles con diseños institucionales tradicionales basados en lógicas jerárquicas, verticalistas, burocráticas y compartimentadas. La incapacidad de generar soluciones y de adaptarse a las lógicas de éste nuevo mundo es lo que vuelve a las organizaciones obsoletas, viejas, pesadas y poco innovadoras. 

Pensemos ahora en los desafíos globales, los que enfrentamos hoy como humanidad, como el futuro del trabajo, el futuro de la educación, el futuro de la movilidad, el futuro de nuestro planeta, ¿podremos afrontar estos desafíos desde organizaciones o visiones tradicionales? ¿qué tipo de diseño institucional y formas de organización son más compatibles con el nuevo mundo? Todo parece indicar que nuestras sociedades actuales no tienen las respuestas a los desafíos y retos que enfrentamos. Estamos intentando resolver los problemas del futuro con herramientas del pasado. 

Comprender el futuro, abordar la complejidad.

En primer lugar, para comprender estos desafíos es necesario abrazar la idea de complejidad y de pensamiento complejo. Edgar Morin, el padre del pensamiento complejo, nos permite reflexionar y vislumbrar cómo la humanidad ha hecho uso del pensamiento simplificador para comprender la realidad, y ha edificado cientos de instituciones bajo la lógica de una forma-pensamiento que divide, segrega, compartimenta y comprende el mundo de manera lineal, tomando al orden jerárquico como un orden natural social. Si buscamos comprender y contribuir a la construcción del futuro, resulta poco probable que nuevas respuestas e ideas surjan de viejas instituciones cuyos diseños responden a lógicas simplificadoras y reduccionistas del mundo. Si el problema es complejo, como los desafíos que enfrentamos, las soluciones también debe ser compleja, deben poder contener esa complejidad. El punto es ¿tienen nuestras instituciones actuales la capacidad de abrazar esa complejidad y ser creadoras de nuevas realidades? A nuestro entender no. Es por ello que muchas organizaciones se encuentran hoy en procesos de transformación, enfrentándose a profundos cambios culturales que implican, por supuesto, cambios en los esquemas de pensamiento de los líderes y de todas las personas que la integran. Esto representa un enorme desafío adaptativo para cualquier organización.

En segundo lugar, la forma red como patrón de organización social es clave para comprender las lógicas de funcionamiento del nuevo mundo. Ya a finales del segundo milenio Manuel Castells definía a la era de la información como una  sociedad red: “una revolución tecnológica, centrada en torno a las tecnologías de la información, empezó a reconfigurar la base material de la sociedad a un ritmo acelerado”. Esta revolución tecnológica penetro en todos los ámbitos de la actividad humana, reconfigurando todo tipo de relación social, económica, política y cultural, caracterizándose por una profunda interconexión e interdependencia a escala global. La red constituye la nueva morfología social de nuestras sociedades: “ Aunque la forma en red de la organización social ha existido en otros tiempos y espacios, el nuevo paradigma de la tecnología de la información proporciona la base material para que su expansión cale toda la estructura social ”. La tecnología proporciona la base para que la humanidad pueda funcionar en red, puede estar interconectada a niveles nunca antes conocidos, posibilitando, entre otras cosas, la colaboración y cooperación para el logro de objetivos colectivos globales y locales. 

Si el nuevo patrón de organización social es la red ¿a caso no debemos pensar en nuestras empresas, nuestros Estados, la manera en la que producimos, bajo éste patrón? Quienes estén atravesando o deseen atravesar procesos de transformación organizacional, deben sin duda tomar esto muy en consideración, porque es en la red, en la interconexión y en las formas colaborativas, donde encontraremos mayor adaptabilidad y sintonía con el nuevo mundo emergente. 

La colaboración como respuesta a los desafíos del futuro.

José Cabrera nos habla de la “era de la colaboración”, como un nuevo paradigma socio-tecnológico, y sostiene que “en la nueva economía, compartir crea valor; que las redes son el nuevo organigrama y que la redarquía es el nuevo orden emergente. Un nuevo orden que no está basado en el poder ni en la autoridad de la jerarquía formal, sino en las relaciones de participación y los flujos de actividad que, de forma natural, surgen en redes sociales de colaboración, basadas en el valor añadido de las personas, la autenticidad y la confianza”. La red es una plataforma de colaboración, que está permitiendo el nacimiento de nuevas estructuras sociales formadas por personas que colaboran de forma abierta y libre, sin jerarquías, desinteresadamente, en relaciones sociales entre pares, que aprenden, crean y se desarrollan en red. 

La forma red posibilita formas colaborativas de organización, dando lugar al desarrollo de la inteligencia colectiva, un mecanismo que hace posible la innovación, el surgimiento de un verdadero pensamiento colectivo, un pensamiento nuevo. Comprender esto implica reconocer que las respuestas a los desafíos futuros no surgirán de las cúpulas de los líderes, sino de la colaboración masiva y de la inteligencia colectiva de todas las personas que integran una organización y del diálogo que exista entre organizaciones. Si pensamos, por ejemplo, en los liderazgos políticos, en nuestros representantes ¿tiene la política acaso las respuestas y el conocimiento para abordar la complejidad e incertidumbre del nuevo mundo? Las respuestas a los desafíos del futuro han de ser colectivas, y esto significa que debemos explorar estructuras y formas de organización alternativas, crear mucho pensamiento nuevo. Éste es en sí mismo uno de los retos más grandes que tiene hoy la humanidad, y el poder de la inteligencia colectiva debe estar al servicio de innovar en nuevas formas de organizarnos, poniendo nuestra creatividad al servicio de la creación de un nuevo mundo. El futuro no es un acto individual, sino de la acción colectiva e interconectada.

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