¿Qué pasaría si los primeros trabajos cambian por completo? ¿Si para conseguir empleo importa más lo que sabemos hacer que el título que tenemos? ¿Si aprender se convierte en una tarea para toda la vida?

Con estas y otras preguntas, desde Laboratorio Futuro acompañamos a cerca de 80 adolescentes y jóvenes de entre 16 y 19 años de Fundación Cimientos en una experiencia participativa de 45 minutos para explorar futuros posibles del trabajo y reflexionar sobre qué conocimientos, habilidades y capacidades podrían ser importantes para desenvolverse en ellos.
La actividad se realizó en septiembre de 2026 en Ciudad Cultural Konex, Buenos Aires, en el marco de la jornada #PotenciáTuFuturo, organizada por Fundación Cimientos. Partimos de una premisa: el futuro del trabajo no está escrito y, por lo tanto, tampoco existe una única manera de prepararse para él.
Pensar futuros, no adivinar el futuro
El ejercicio comenzó con una selección de tendencias y señales vinculadas con cambios tecnológicos, educativos, sociales, económico-productivos y ambientales que ya están transformando el mundo laboral.
A partir de ellas diseñamos un mazo de cartas que llevó a la mesa temas como inteligencia artificial y brecha digital, transformación de los primeros empleos, aprendizaje permanente, nuevas formas de demostrar lo que se sabe, capacidades humanas, salud mental, trabajo por plataformas, creación de contenidos, oficios y trabajo con propósito, entre otros.
Las cartas no decían qué iba a ocurrir. Presentaban cambios observables y dejaban abiertas distintas posibilidades. Funcionaban como disparadores para imaginar, no como predicciones.

Aprender a preguntar también es aprender a pensar el futuro
Organizados en equipos, los jóvenes eligieron dos tendencias que les resultaban relevantes, llamativas o interesantes. Por un momento asumieron el rol de futuristas y trabajaron a partir de una pregunta sencilla:
¿Qué pasaría si dentro de 10 años…?
Cada equipo formuló sus propias preguntas de futuro. La consigna buscaba salir de las respuestas conocidas y animarse a explorar situaciones sobre las que nadie tiene certeza.
Los tutores de Fundación Cimientos destacaron especialmente este momento: para muchos jóvenes no es habitual trabajar desde la construcción de preguntas y, menos aún, hacerlo sobre situaciones inciertas y sin una respuesta correcta.
Ese fue uno de los aprendizajes más interesantes de la experiencia: imaginar futuros también implica aprender a formular preguntas diferentes.

De una pregunta a cuatro mundos posibles
Las preguntas no quedaron en la mesa que las había creado. Mediante un “chancho va” de futuros, cada hoja pasó al equipo de al lado, que debía imaginar dos respuestas diferentes para cada pregunta.
Una misma pregunta daba lugar a dos mundos distintos. Al finalizar esta etapa, cada mesa había explorado cuatro mundos laborales posibles.
La lógica del ejercicio era sencilla, una tendencia presente no determina una única consecuencia. Por eso, el objetivo no era descubrir cuál escenario era el “correcto”, sino ampliar el campo de lo imaginable.
Y desde allí dimos un nuevo paso: pasar del futuro del trabajo al futuro propio.
¿Qué querés aprender hoy para vivir en ese mundo laboral dentro de 10 años?
Después de imaginar esos mundos posibles, cada participante respondió de manera individual qué le gustaría aprender hoy para desenvolverse en ellos.
Podía ser un conocimiento, una habilidad, un oficio, una forma de trabajar o incluso algo que todavía no supieran nombrar.
Luego, los jóvenes se pusieron de pie y comenzaron a buscar a otras personas con intereses de aprendizaje similares. Cuando encontraban coincidencias, permanecían juntos y seguían sumando compañeros. Así se fueron formando pequeñas “moléculas” de aprendizaje, construidas a partir de intereses compartidos.
Al finalizar, las respuestas individuales se guardaron en una urna como registro de aquello que los jóvenes imaginaban importante aprender para sus propios futuros.

Imaginar para ampliar posibilidades
Pensar en futuros no significa predecir. Significa observar cambios, explorar alternativas, cuestionar supuestos y fortalecer nuestra capacidad de actuar en contextos de incertidumbre.
Para jóvenes que comienzan a pensar sus trayectorias educativas y laborales, no se trata solamente de elegir una profesión o aprender una herramienta. También se trata de desarrollar la capacidad de hacerse preguntas, reconocer posibilidades y construir caminos frente a un mundo que cambia.
Desde Laboratorio Futuro agradecemos a Fundación Cimientos la oportunidad de compartir esta experiencia y acercar herramientas a jóvenes que están construyendo sus propios caminos.
Porque el futuro no está escrito. Y aprender a imaginarlo, preguntarnos por él y proyectarnos en sus posibilidades también es una forma de empezar a construirlo.
¿Querés llevar una experiencia como esta a tu organización o equipo? Escribinos.






Nos enfocamos en los principales desafíos del presente combinando creatividad y Pensamiento de Futuro, para diseñar soluciones mirando el mañana.
Contamos con una red de personas, con habilidades sociales y tecnológicas, con capacidades de aportar a la reflexión y construcción del futuro.
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